Aquí estamos...

Para compartir, para poder expresarnos en medio del silencio...
Para poder iluminar la noche más oscura...
Para que la canción de libertad siga siendo entonada...
Para que bien apretados unos contra otros dejemos siempre un espacio para los demás...
Porque aquí todos cabemos, sé bienvenido...
Porque también hay fuego para ti, hay lumbre para todos...
Porque aquí incluso el frío se comparte, se calienta, se abraza y se vuelve ternura...
Porque aquí se puede simplemente ser tú mismo y a nadie importa nada sino en tratar que quepas...
Sé bienvenido... ahora.
Sé bienvenido siempre...

Se trata de que elijas

Cómo te habrás podido dar cuenta, se oyen demasiadas músicas. Para evitarlo, detén una de las dos: o el reproductor de música con algunas canciones que me gustan y que espero que te gusten. O detén la radio "Super Q" que también me gusta. ¿Qué raro no?

Sevilla Homenaje

La guagua

Cuba

sábado, 31 de mayo de 2008

¡Señor Señor!

De decir Señor, Señor se trata, sí, pero no basta. No basta. No basta cualquier cosa, ni cualquier cosa es suficiente para “cumplir”, porque no se trata de cumplir, sino de dar, de darse. De ir más allá de la ley porque la ley del amor no tiene fronteras y no está escrita en ningún código.

“La religión se muere”, dicen algunos, “va herida de muerte”, dicen otros. Mientras por todas partes parecen renacer como por generación espontánea, nuevas formas religiosas, nuevos estilos, que con la gracia fresca de la novedad pretenden encarnar como lo más suyo, toda la riqueza del Evangelio. Pero no se trata de decir ¡Señor, Señor!. No se trata del grito trasnochado de quien está tranquilo consigo mismo porque el mundo ha visto lo “practicante” que es. Se trata otra vez, de nuevo, de nuevo siempre, de la antigua y siempre nueva: revolución de amor. La que no se agota en actos públicos, sino que adolece siempre de la justicia, de la caridad de Cristo, de la igualdad entre los hombres. La que nunca se da por satisfecha, ni se viste de gala jamás para que los hombres la vean. No se trata de decir ¡Señor, Señor!. Sino de “hacer” posible al Señor en nuestro mundo.

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