Aquí estamos...

Para compartir, para poder expresarnos en medio del silencio...
Para poder iluminar la noche más oscura...
Para que la canción de libertad siga siendo entonada...
Para que bien apretados unos contra otros dejemos siempre un espacio para los demás...
Porque aquí todos cabemos, sé bienvenido...
Porque también hay fuego para ti, hay lumbre para todos...
Porque aquí incluso el frío se comparte, se calienta, se abraza y se vuelve ternura...
Porque aquí se puede simplemente ser tú mismo y a nadie importa nada sino en tratar que quepas...
Sé bienvenido... ahora.
Sé bienvenido siempre...

Se trata de que elijas

Cómo te habrás podido dar cuenta, se oyen demasiadas músicas. Para evitarlo, detén una de las dos: o el reproductor de música con algunas canciones que me gustan y que espero que te gusten. O detén la radio "Super Q" que también me gusta. ¿Qué raro no?

Sevilla Homenaje

La guagua

Cuba

sábado, 11 de octubre de 2008

¿Cuál Crisis?


Nunca como ahora se ha hablado de crisis, la crisis financiera, la crisis de la bolsa, la crisis en definitiva de los que algo tienen. El mundo cambiando de eje, gira ahora en torno de los relojes de Wall Street, y todos viven pendientes de los número rojos, de los número verdes. La crisis de los poderosos, de los que tienen y no comparten, la crisis de los que sacan dinero de no se sabe dónde para solucionar los problemas de no se sabe quien.
Los pobres como siempre no entendemos nada, no sabemos que es eso del Euribor, no sabemos nada de inyecciones de liquidez. No sabemos nada de esta crisis los que llevamos ya muchos años, muchos siglos en crisis, una crisis permanente e injustificada, mantenida por los que ahora se sienten amenazados porque tiemblan sus riquezas. La crisis que nos afecta, la milenaria, la insoluble, es la de los que no comparten, la de aquellos que cierran las puertas para no ver la miseria de quien vive en frente, la de los que no quieren enterarse que inyecciones de liquidez pueden solucionar los problema de continentes enteros empobrecidos. Es esta la verdadera crisis, la que está en la raíz. La que nos negamos a aceptar y frente a la que ponemos grandes dosis de esperanza, la que nos da el Evangelio, para continuar gritando que otro mundo, mejor, es posible.



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